Intercambio de parejas

Hacía años que había dejado de fumar, pero este último polvo había que culminarlo con un cigarro a medias, en la cama, aún con la respiración entrecortada y el cuerpo temblando después de disfrutar de un orgasmo múltiple, tan inesperado como increíble . Cuando su marido le había planteado el intercambio de parejas con Lidia y Ángel para añadir picardía y frescura a sus vidas sexuales no lo veía claro, aunque Ángel estaba bien y se merecía un polvo. Pero salvadas las reticencias iniciales había aceptado por la insistencia de su marido, que parecía que se jugaba la vida en el envite.
Las primeras caladas la hicieron toser, pero el humo del cigarro le supo a gloria. Estaba pletórica. Del otro lado de la pared, en la habitación contigua, se oían más que gemidos. Conocía a la perfección una de las voces, la de su marido, que lo tenía que estar pasando de vicio a tenor de sus chillidos. Se miraron pícaramente, cómplices, con la curiosidad escrita en las pupilas. A hurtadillas y sin hacer ruido se acercaron a la puerta de la otra habitación, en un principio para escuchar más detenidamente, luego, les pudo el morbo de observar, y despacito abrieron la puerta lo suficiente para espiar a la pareja en plena acción. Se quedó maravillada con la escena: Ángel estaba tumbado al borde de la cama, boca arriba y con las piernas en alto, reposando en los hombros de su marido, que de pie, en la postura que tanto le encanta, penetraba a su amante con la cara desencajada de placer. Ambos jadeaban, chillaban y se repartían soeces de alcoba.
Cuando su marido le había planteado la cuestión ni por casualidad se había imaginado que el intercambio sería él con Ángel  y ella con Lidia. Pero bien hecho estaba. Se fascinó viendo la escena un ratito más, descubriendo como su marido ponía todo el empeño del mundo en trabajar el culo de Ángel, y como éste se contorsionaba de gusto. Pero allí habían ido para follar y no para ejercer de mironas, y Lidia se lo recordó pasando un dedo por su raja, que volvía estar mas que mojada. Se le erizó de nuevo la piel ante la caricia íntima, y de regreso a su habitación , esta vez fue ella quien tomó la iniciativa para devolverle a Lidia una pasada a fondo a su coño con su lengua. Las dos se enredaron de nuevo, con un poco mas de soltura una vez que sabían de qué eran capaces.
Por una vez su marido había acertado. Y le quedaban aun muchos cigarros que celebrar…

Gallego Rey.

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